TE AYUDAMOS A LLEVAR EL ESTRÉS COTIDIANO

TE AYUDAMOS A LLEVAR EL ESTRÉS COTIDIANO

Todo el mundo hoy en día conoce muy bien que es sufrir de estrés, es por eso que no nos resulta nada extraño escuchar y ver todo tipo de técnicas para superarlo.

Nosotros también nos sumamos a esta ayuda y te planteamos el siguiente articulo para llevar el estrés desde una perspectiva budista.
Hace veinte o treinta años era inusual admitir que se sufría de estrés, la gente se avergonzaba de ello; hoy en día, por el contrario, nos sentimos cómodos reconociéndolo, el ritmo de vida rápido que llevamos lo justifica y, hasta cierto punto, nos da una aureola de mártires. Hemos llegado a una situación en que incluso se contempla ya en la legislación laboral de algunos países, como es el caso de Inglaterra, en donde las empresas deben ofrecer cursos sobre el manejo del estrés.

Para aprender a controlar el estrés hay una metodología bien definida cuyo primer paso es identificarlo: saber qué es, notarlo cuando aparece. La gama de sensaciones es amplia, pero básicamente podemos decir que uno se siente acelerado y en un estado general de confusión. A nivel físico, suele localizarse en los hombros en forma de rigidez, o como una tensión extendida por todo el cuerpo. Si vamos por la calle, por ejemplo, notamos como si los edificios de ambos lados nos aprisionaran y fueran a caérsenos encima. Y todo ello suele estar relacionado con la presión que ejercen los demás sobre nosotros y el temor de no poder cumplir con lo que se nos pide.

El segundo paso es preguntarse cuál es su origen, su causa; y, aunque parezca una obviedad, ya que esta es siempre la gran pregunta, no deja de ser requerido, puesto que cometemos de forma reiterada siempre el mismo error: pensar que el estrés viene de fuera. Le echamos la culpa al trabajo, o a nuestra situación familiar, o a cualquier otra circunstancia externa; y, en consecuencia, nos sentimos víctimas y buscamos escapar cambiando de trabajo, de pareja o el lugar en el que estamos. Corremos y corremos intentando huir, y realmente es imposible, porque aquello de lo que anhelamos escapar es nuestra propia sombra: el estrés lo llevamos con nosotros. Una excelente forma para darse cuenta de esto es hacer un retiro, ya que al sentarse en silencio y soledad se descubre que el estrés y el enfado continúan; ergo el problema está dentro de uno mismo.

Si ponemos a cincuenta personas en una misma situación, las reacciones serán muy diversas, cada cual tendrá la suya propia, debido a que la mente de cada persona es diferente. Uno mismo, hay días en que vamos al trabajo y todo es perfecto; pero otros días aquello parece un infierno. El estrés, por tanto, es una respuesta interior a la situación exterior. Comprender esto es el paso esencial; quien no lo haga nunca llegará a ningún sitio.

Todavía nos queda, no obstante, en este punto, clarificar si tiene un origen físico o mental. A veces llegamos a casa por la noche, cansados, y parece que lo que quieremos es ocuparnos de nuestro cuerpo para quitarnos de encima la tensión: tomamos un buen baño, a ser posible con sales minerales, y luego salimos a dar un tranquilo paseo, o nos sentamos en un confortable sillón y vemos un rato la tele. Pero si nos paramos un momento y analizamos qué es lo que hemos hecho a lo largo de la jornada que nos ha dejado en ese estado de agotamiento, nos damos cuenta de que en la mayoría de los casos hemos estado sentados detrás de una mesa y casi ni nos hemos movido en todo el día. De modo que si el cansancio no procede del cuerpo, ¿cómo pretendemos quitárnoslo de encima relajando el cuerpo? Lo que está realmente cansado es nuestra mente; el cuerpo lo registra y se siente cansado a su vez; pero, si queremos ir a la raíz del problema, es en la mente donde debemos mirar y actuar.

Ese baño, esa cena, esa película bonita, no dejan de ser otra cosa que respuestas limitadas y que, para postre, nos crean dependencia: nos acostumbramos a ellas y ya no sabemos relajarnos si no se dan, de casualidad, las condiciones propicias. ¿Qué haremos al día siguiente en la oficina, en la escuela, en la reunión de trabajo, si nos sentimos tensos y no podemos ir al baño y meternos en la bañera, ni salir un rato a ver la puesta del sol?; entraremos en situación de pánico, que es donde ataca el estrés con todo su ominoso poder. Por no hablar ya de la tremenda inseguridad que conlleva la convicción de que solo en lo exterior encontramos satisfacción, y la sensación subsiguiente de que no hay nada dentro mío suficientemente bueno que pueda sustituir a eso exterior que tanto me aporta. Por tanto lo que hay que hacer es aprender a relajarnos de manera interna, sin depender de las muletas exteriores.

La meditación es, pues, la única respuesta válida. Y esto, incluso los que nos flamamos budistas, debemos recordárnoslo de forma constante; hasta que hayamos comprendido realmente que la solución está dentro de nosotros y dejemos de responsabilizar a otras personas o situaciones de nuestros males; hasta que paremos de buscar a alguien o algo que nos dé satisfacción, que nos produzca la sensación de que todo está bien. Es muy fácil dejarse llevar por esta sensación de que la felicidad tiene que venirnos de fuera.

Hay una manera formal de meditar, que es ese espacio diario reservado en que nos sentamos físicamente a ‘no hacer nada’; y otra manera informal, que consiste en el cultivo de la atención en cualquier instante de la vida cotidiana. Es importante practicar las dos, y de hecho la primera conduce necesariamente a la segunda. Para un principiante, no obstante, es imposible mantener la atención consciente de manera sostenida; pero hay unas técnicas que pueden ayudar en este entrenamiento de manera eficaz.

Namasté.