MEDITACIÓN DEL CUENCO VACIO

MEDITACIÓN DEL CUENCO VACIO

La meditación del cuenco vacío, o también conocida como “Kevala Kumbhaka” es usada comúnmente por los practicantes budistas con impecables beneficios sobre el cuerpo y la mente.

Te enseñamos los pasos a seguir para poder practicarla en tu propia casa.

Meditar unos minutos al día es muy beneficioso para el cuerpo y la mente, ya que durante la meditación, el cuerpo se relaja, concentrándonos en algo tan sencillo como nuestra propia respiración, equilibrando sin esfuerzos nuestros biorritmos y descongestionando las tensiones en nuestro organismo. Además, si se hace con esmero, se consigue que durante esos pocos minutos, la mente también se relaje, aliviando las cargas emocionales, evitando los malos pensamientos y alejando las preocupaciones y quehaceres que se acumulan en nuestra cadena de pensamientos, provocando estrés y agobio.

Existen muchos tipos distintos de meditación que pueden beneficiar o paliar problemas concretos, y existen también muchos niveles de meditación, que requieren constancia, paciencia y práctica para alcanzar sensaciones extrasensoriales, de paz interior y máximo equilibrio, aunque suene un poco a cuento chino.

Sin embargo, para lograr el principal propósito de cualquier meditación, que es tomar conciencia de nuestro cuerpo y mente, para favorecer la bienestar física y mental, y prevenir las presiones a las que estamos sometidos o inconscientemente nos sometemos en la vida diaria, no se quieren nada más que entre 10 y 15 minutos de tiempo y ganas de olvidarnos del mundo durante unos momentos.

Meditación del cuenco vacío
Siéntate cómodamente y en silencio, con las palmas hacia arriba y abiertas,
colocadas sobre las rodillas, como cuencos vacíos.

Abre la boca ligeramente y toca con la lengua el paladar, detrás de
los dientes frontales.

Presta atención a la respiración.

Deja que tus pulmones respiren sin ningún esfuerzo por tu parte.

La respiración es objeto de la conciencia.

Basta con observar el movimiento de la respiración.

Sigue observando el movimiento de la respiración, y presta atención a la punta de la nariz.

Se sólo consciente del aire que entra por la nariz.

El aire frío al entrar, el aire caliente que sale.
De esta manera, en silencio, observa la respiración, durante unos 5 minutos.
Después de 5 minutos, sigue la respiración.

Lleva el aire a la nariz, la garganta, el corazón, el diafragma, a el fondo del vientre detrás del ombligo, donde se experimenta una parada natural.

Permanece en esta parada tan solo una fracción de segundo, a continuación, sigue la respiración, durante la espiración, invierte el curso desde el vientre detrás del diafragma, el corazón, la garganta, a través de la nariz y fuera del cuerpo, a aproximadamente 9mm delante de la nariz y haz una segunda parada.
La primera parada está detrás del ombligo, la segunda parada está fuera del cuerpo en el espacio.
En estos dos paradas, la respiración se detiene.

En estas dos paradas, te detienes.

El movimiento de la respiración es ahora.

En estos dos paradas, la existencia única está presente.

En estos dos paradas estás rodeado de paz y amor.

En estas paradas, Dios está presente.

En estas paradas llegas a ser como un recipiente vacío.

En el momento en que te conviertes en un cuenco vacío, los divinos labios pueden tocarte.

Dios te buscará y vertirá su bendición en ti.

Deja que los pulmones respiren y se conviertan en el cuenco vacío.

 

Y cuando estés listo, con lo que su conciencia de regreso a su cuerpo que se sienta en la silla o cojín. Abriendo los ojos y seguir adelante con su día … imprimirán con la sensación de quietud y paz.

 

 

Realiza esta práctica de meditación durante 15 minutos por la mañana y por la noche. A medida que practiques esta meditación, durante días, semanas, meses, te encontrarás que las paradas naturales se irán prolongando hasta que finalmente el interior y el exterior se fusionarán en el 3er ojo y todo pasará dentro de ti.

 

Beneficios

Los beneficios directos sobre el organismo al realizar este tipo de meditación afectan al aparato respiratorio, el corazón o los pulmones, mejorando su funcionamiento y especialmente alivia el stress. Quizás no podamos ver las mejoras, pero las sentiremos al cabo de poco días; sin embargo, la sensación de mayor lucidez, tranquilidad y relax es notable nada más acabar la primera sesión.

Al principio, los minutos se hacen eternos, y puede resultar difícil llegar a concentrarse, pero tras algunas sesiones pronto llegas a olvidarte del paso del tiempo.

Es algo sencillo, que mejora tu calidad de vida, sin gastar dinero y sin más requisitos que tu propia voluntad, cuando quieras y donde quieras.

Namasté