Los Gunas en Ayurveda

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En Ayurveda, la personalidad de un individuo no sólo está influenciada por la proporción tridóshica (constitución) sino también por su karma. Si la constitución sugiere preferencias y gustos definidos, el karma (acumulado por nuestras acciones en vidas pasadas) asegura que atraigamos ciertas circunstancias en la vida, las mismas que dejan aprendizajes profundos.

El karma es una oportunidad de evolución y de expansión de la conciencia. En otras palabras, ayuda a llevar luz a ciertas áreas de nuestra vida que permanecían en sombra.

Si bien no es posible predecir nuestros karmas y las experiencias por las que atravesaremos, Ayurveda sí diferencia tres niveles de conciencia. Del mismo modo que el cuerpo y los doshas, la mente tiene se propio constitución llamada gunas.

Los tres estados que identifica las gunas son: sattva, rajas y tamas que se traduce como claridad, perturbación e ignorancia. Nuestra personalidad está influenciada por un guna dominante, el cual refleja el grado de evolución del alma en su ciclo de maduración, el cual empieza con el momento de la encarnación inicial y finaliza en el momento que nos iluminamos y trascendemos al ciclo de encarnaciones.

Para una mayor comprensión de los estadios de las tres gunas, Ayurveda utiliza la parábola del lago, pues ella recrea las cualidades de la mente en cada caso. La primera imagen que nos ofrece es la de un lago tranquilo y sereno en la quietud de la noche.

El lago se asemeja a un gran espejo y refleja a través de sus aguas las estrellas, las luna y los árboles. Así, cuando la mente está clara, quieta y en paz es posible que la luz de Dios se vea reflejada en ella. Esta primera parábola describe las cualidades de la mente sáttvicas.

La mente rajásica se puede comparar a las ondas que se forman en la superficie de sus agua debido al brisa del viento. Las estrellas y la luna no logran reflejarse con claridad debido al movimiento del agua que deforma lo que ve.

Así, la mente rajásica tiende a la distorsión, a distraerse de su verdadera naturaleza como espíritu y identificarse con su condición corpóreo mental. Las olas de la parábola que perturban el lago, hacen referencia a los pensamientos que intranquilizan la mente. Ahora imaginemos que el lago de nuestra parábola es agitado por una varilla.

El barro empozado del fondo se mezcla con el agua y no permite ver con claridad a través de ella, pues el agua se ha tornado oscura y turbia. Este es el caso de la mente tamásica. Nublada y densa, no puede ver a través de ella su propia y verdadera naturaleza como espíritu. A falta de mayor claridad y comprensión, la vida se torna parametrada y rígida. Son comunes los puntos de vista extremos y simplistas, así como las emociones oscuras y destructivas.

Tendemos a establecer juicios de valor y a calificar un estado de conciencia mejor o peor que otro. Muchos llegan a creer que ser sáttvico es mejor que ser tamásico o que ser rajásico es defectuoso. Desde un punto de vista espiritual no hay correcto o incorrecto, todo cuanto hay en el universo es expresión de una gran Consciencia que se manifiesta en infinidad de testimonios y cada uno de ellos asume diferentes comportamientos y formas de ser . Cada expresión se encuentra en un momento y en un estado de evolución diferente y en sí son perfectos.

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