LAS LEYENDAS BUDISTAS, NOS ALUMBRAN EN EL CAMINO

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Cuando un maestro budista cuenta leyendas o fábulas a sus discípulos es para mostrarle el camino correcto que ha de seguir, a modo de cuento , les transmite lecciones de vida.

Las leyendas tienen múltiples interpretaciones y que cada persona puede extraer la enseñanza que le resulte más idónea, Además, las fábulas tienen el poder de llegar hasta los ricones más ocultos de la mente.Se esconden grandes lecciones de vida, enseñanzas que podrían cambiar nuestro recorrido en la vida o, al menos, la manera en la que comprendemos y acceptamos las cosas.

El campesino que jugó a ser Dios

Un día un campesino encontró a Dios y le dijo:

– Tú has concebido el mundo pero no eres un campesino, no comprendes la agricultura. Tienes mucho que aprender.

Dios le interpeló:

– ¿Así? y cual es entonces tu consejo?

– Dame un año y deja que las cosas ocurran tal y como yo quiero. La pobreza no existirá nunca más. Dijo el campesino.

Dios aceptó. Entonces el campesino dijo: No quiero, ni tormentas, ni ningún tipo de peligro para el fruto de mi huerta. El trigo, entonces crecía fuerte y sano y el campesino era feliz.

Cuando acabó el año establecido, el campesino encontró a Dios y le dijo, muy contento:

– ¿Dios, has visto cuánto trigo hay? ¡Habrá comida por 10 años sin tener que trabajar!

Pero, cuando recogió el grano, se dio cuenta de que los sacos estaban vacíos. Turbado, le preguntó a Dios qué había pasado, a lo que este respondió:

– Has suprimido los conflictos y los roces, así que el trigo no terminó de germinar.

Moraleja: Las contrariedades, son parte de la vida, nos hacen más fuertes, nos tranforman en personas resilientes. Los días de tristeza son tan necesarios como los días de felicidad porque nos hacen evolucionar. Por eso, es mejor dejar de quejarse y de sentirse miserable por las dificultades.

La anciana que perdió su aguja

Al lado de su casita, había una anciana , desesperada buscando alguna cosa-. Algunas personas se acercaron para intentar ayudarla.

– ¿Qué has perdido, abuela?

– Mi aguja – dijo ella.

La ayudaron a buscarla, pero no aparecia, hasta que alguien le dijo:

– ¿puedes indicarnos el sitio donde cayó? No la encontramos en ningún sitio y ya hemos mirado por toda la calle.

– Está,dentro de mi casa – respondió la anciana.

Las personas la miraron asombrados. Algunos hasta enfadados, la increparon.

– ¿Acaso te has vuelto loca, anciana? ¿Por qué buscas la aguja en la calle si está dentro de tu casa?

La anciana, alegre, les respondió:

– Porque dentro de la casa no hay luz.

– Entonces porque no buscas una linterna y busca dentro?

La anciana se carcajeó y les dijo:

– Sois muy inteligentes para las cosas diminutas, ¿ pero cuándo vais a usar esa inteligencia para vuestra vida interior?

Moraleja: A menudo buscamos las respuestas a los problemas fuera de nosotros, cuando la solución está en nuestro interior. Acusamos a los demás o a las circunstancias , solo porque no queremos reconocer nuestra responsabilidad o culpa. Sin embargo, de esta forma jamás encontraremos una solución realmente satisfactoria que nos permita crecer.

El perdón de Buda

Devadatta, era el primo malo de Buda, siempre estaba celoso y estava obsesionado en perjudicarle.

Un día, mientras Buda paseaba tranquilamente, Devadatta arrojó a su paso una pesada roca con la intención de matarlo. Pero la roca cayó al lado de Buda y nada le hizo.

Buda se dio cuenta de lo sucedido pero permaneció impasible, bien tranquilo. Días después, volvió a ver Devadatta y lo saludó cariñosamente. Este, sorprendido le preguntó:

– ¿No estás enojado,conmigo?

– No, claro que no.

Asombrado, Devadatta le preguntó el por qué.

Buda le dijo:

– Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando fue arrojada.

Moraleja: Para el que sabe ver, todo es pasajero; para el que sabe amar, todo es perdonable. No es saludable aferrarnos al odio y el rencor porque estos sentimientos solo nos perjudican. Es importante aprender que necesitamos dejar las malas experiencias en el pasado. Solo a través de la indulgéncia logramos liberar nuestro resentimiento y seguir adelante en el camino de la vida.

4. Un criado y un amo , muy parecidos.

Un criado estaba expuesto todos los días al carácter airado de su amo. Un día, el señor volvió a casa de muy mal humor, se sentó a comer y al hallar la comida fria,se enfadó mucho, empezó a gritar y arrojó el plato por la ventana.

El criado, a su vez,tiró la carne, el pan, el vino, el mantel y los cubiertos, también por la ventana. El amo le gritó, enfurismado:

– ¿Qué haces, insensato?

– Perdón señor – respondió el criado. – Creía que hoy deseaba comer en el patio. Como hace tan buen dia!

El amo recapacitó , se disculpó y le agradeció al criado por la lección que acababa de enseñarle.

Moraleja: A lo largo de la vida, cualquiera nos puede hacer dañar. No podemos hacer nada al respecto. Pero podemos decidir por quien padecer y por quén no, está en nuestra mano No son las acciones en sí las que causan sufrimiento sino el significado y la importancia que les damos.La violencia con violencia, augmenta. Si respondemos a la violencia con tranquilidad, esta disminuirá.

5. El halcón que no volava

Un rey recibió como regalo dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara.
Al cabo de unas semanas, el maestro, le comunicó al rey que uno de los halcones estaba educado pero que no sabía qué le pasaba al otro, no se había movido de la rama, desde el dia que llegó, hasta tal punto que había que llevarle el alimento o moriría.

El rey mandó llamar sanadores del reino y más allá, pero nadie pudo hacer volar al pájaro. Entonces hizo público un edicto entre sus súbditos y, a la mañana siguiente, vio al halcón volando en sus jardines.

– Traedme al autor de este milagro – ordenó.

Ante el rey apareció un simple campesino. El rey le preguntó:

– ¿Cómo lograste que el halcón volara? ¿ qual es tu poder?

– No fue difícil – explicó el hombre. – Tan solo corté la rama. Entonces el pájaro se dio cuenta de que tenía alas y echó a volar.

Moraleja: A veces, es necesario apoyarse en la rama para recobrar fuerzas pero si nos quedamos en la zona de confort constatemente, nunca sabremos cuán lejos habríamos sido capaces de llegar. Por eso, a veces necesitamos que alguien nos corte la rama o tener el coraje de talar la rama a los demás.

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