¿HAS LOGRADO LA FELICIDAD?

¿HAS LOGRADO LA FELICIDAD?

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El hombre anhela felicidad. Huye del dolor. Remueve el cielo y la tierra para obtener la felicidad que anhela de los objetos sensoriales y queda atrapado en las redes inextricables de Maya. ¡Pobre hombre! No sabe que estos objetos son perecederos y evanescentes, finitos y condicionados en el tiempo, espacio y causalidad. Y lo que es más, fracasa en obtener de ellos la felicidad anhelada.


Este mundo es imperfecto (apurna) y hay incertidumbre en la vida.

No hay ni pizca de felicidad en los objetos porque éstos no tienen vida, son insensibles (Jada). Incluso el bienestar agradable es un reflejo de la felicidad, es ilusorio. El encantamiento permanece en tanto que la persona no posee el objeto anhelado. Pero en el mismo momento en que lo posee, el encanto se desvanece. Descubre entonces que se ha metido en un enredo.

El rico que aún no tiene hijos piensa que será más feliz cuando tenga uno. Se preocupa día y noche por tener un hijo, hace peregrinaciones y realiza diversas ceremonias religiosas. Pero cuando al fin tiene el hijo, se siente miserable, pues este padece ataques epilépticos y el tiene que gastar su dinero en pagar a los médicos. Pero ni aun así hay curación. Así es el ilusionismo de Maya. El mundo entero está sometido a la tentación.

Un pobre, sin embargo, tiene catorce hijos, pero no tiene como alimentarles, por lo que se siente desdichado. Otro hombre tiene riquezas e hijos, pero uno de estos decide hacerse vagabundo, por lo que el padre se preocupa. Aun otro hombre posee riquezas e hijos buenos, pero su esposa es quisquillosa. Nadie es, pues, feliz en este mundo.

El juez se siente descontento, pues anhela convertirse en juez supremo. También el ministro se siente descontento, pues anhela convertirse en primer ministro. El millonario se siente descontento, pues ambiciona convertirse en multimillonario. El marido está descontento porque su esposa es negra y flaca; anhela casarse con otra más guapa. Pero la esposa se siente, a su vez, descontenta, y anhela divorciarse para casarse con otro hombre más joven y rico. Una persona delgada se siente infeliz; anhela engordar, por lo que toma aceite de hígado de bacalao. Pero también la persona gorda es infeliz; anhela adelgazar y toma pastillas adelgazantes. Ninguna persona está, pues, contenta en este mundo.

El médico piensa que el abogado deber ser muy feliz. Pero el abogado piensa, a su vez, que el hombre de negocios debe ser más feliz. Este piensa, sin embargo, que el juez es más feliz. El juez cree que más feliz que él es un profesor. Nadie es feliz en el mundo.

El emperador no se siente feliz. El dictador no es feliz. El presidente de un gobierno no es feliz.
¿Quién es entonces feliz? El sabio es feliz. El Yogui es feliz. Quien ha controlado su mente es feliz.
La felicidad proviene únicamente de la paz de la mente. Pero esta proviene, a su vez, de un estado de mente en el que no hay ilusión.

El goce del objeto anhelado no puede producir la satisfacción del anhelo. Por el contrario, agrava e intensifica los anhelos, inquietando aun mas la mente por causa del anhelo, de igual modo que al verter aceite, el fuego crece.

Muchas personas ricas, a pesar de sus inmensas riquezas y de poseer dos o tres mujeres, se sienten extremadamente miserables e infelices. He conocido a varios ricos terratenientes, y todos ellos se sienten descontentos, inquietos, malhumorados y muy desdichados. Es, pues, evidente que la felicidad no yace en el dinero, ni en los objetos, ni en las mujeres.

No existe ninguna felicidad en ninguno de los objetos mundanos. Indica una ignorancia absoluta pensar que se deriva ningún bienestar de los objetos sensoriales o de la mente. Cuando se produce un anhelo en la mente, esta se llena de actividad, la mente se agita. Se inquieta e impacienta. Y permanecerá Inquieta hasta obtener el objeto anhelado. Solo cuando se obtiene y goza el objeto, cuando el anhelo ha sido gratificado, la mente tiende hacia el Alma Interna. Cesa entonces de funcionar y se llena de pureza. Todos los pensamientos se desvanecen durante apenas un segundo, y la mente descansa entonces en el Alma Interna. La dicha del Alma se refleja en el intelecto. Pero el hombre ignorante cree obtener la felicidad del objeto, al igual que el perro que mordisquea un hueso seco imagina hallar bienestar en ello y que saca sangre de el, cuando en realidad la sangre procede de su propio paladar.

La verdadera felicidad se halla dentro de ti. Se halla en el Atman (Yo Superior). Es subjetiva. Se manifiesta solo cuando la mente se concentra. Cuando los sentidos se abstraen de los objetos externos, cuando la mente permanece fija en un punto, cuando dejas de albergar anhelos y pensamientos, la dicha atmica empieza a amanecer y empiezas a experimentar la felicidad espiritual o Ananda.

El almizcle se encuentra en el ombligo del ciervo y, sin embargo, este corre de aquí para allá para olerlo. El collar se halla en el cuello de la damisela, pero esta corre de un lado a otro en su busca. El valioso dipareja se halla en tu interior, sin embargo corres en vano tras los trozos de cristal. De igual modo, el océano de dicha se halla en tu interior, la fuente de felicidad esta dentro de ti y, sin embargo, corres de aquí para allá en su busca. El Sol de soles brilla siempre dentro de ti mismo, mas tus ojos cegados no pueden contemplarlo. El sonido eterno resuena en tu interior, mas tus oídos ensordecidos no pueden escucharlo.

Ve adonde quieras, a Kashmir, a Viena o a los Alpes. Da lo mismo. No hallarás verdadero descanso. Las maravillosas vistas podrán relajar tu retina durante apenas un segundo. Pero la atracción y la repulsión, los celos, la pasión y la avaricia están en todas panes. Hallaras la misma tierra, el mismo cielo, el mismo aire y la misma agua. Y llevas contigo a tu propia mente. La imaginación y el cambio de lugar han engañado siempre a no pocos. ¡Oh hombre! Permanece contento. Vive donde desees, pero disciplina tu mente y sentidos. Medita en el Ser Interno incesantemente. Ahí hallaras la paz duradera. Entonces dejara tu mente de engañarte.

El Raya Bhartrihari, el Raya Gopichand y Buddha abandonaron sus reinos y todo tipo de objetos placenteros, palacios, música, etc., solo para alcanzar la dicha atmica imperecedera. Alcanzaron la inmortalidad. Y ellos no eran locos. De haber habido autentica felicidad en los objetos, habrían permanecido en este mundo. La dificultad estriba en que los hombres mundanos, con un intelecto mundano no son capaces de entender ni concebir la dicha espiritual supe sensorial que existe más allá de los sentidos, la mente y el intelecto.

La dicha espiritual es la felicidad más elevada. Es independiente de los objetos. Es constante, uniforme y eterna. Solo el sabio la goza.

El bienestar agradable proviene de la emoción. Pero la dicha del Alma es la felicidad del Ser. Es la naturaleza inherente al Atman. El bienestar es temporal y fútil. La dicha es eterna e imperecedera. El bienestar se mezcla con el dolor. La dicha es una felicidad sin mezcla.

Mantén tu mente en un estado moderado, o en el medio ideal. No la dejes correr hacia los excesos. Algunas personas mueren por la impresión producida por una decaimiento extrema, como también por una alegría extrema. No permitas que se produzca en tu mente una alegría excesiva. La mente tiende siempre a los extremos, ya sea a la decaimiento extrema o a la alegría extrema. Los extremos se tocan. Los extremos producen una reacción. La mente no puede permanecer calmada cuando experimenta una alegría excesiva. Haz que tu mente este siempre alegre, pero calmada.

Este mundo es una mera apariencia. La mente y los sentidos te engañan a cada instante. Confundes el dolor con el bienestar. No existe una sola pizca de felicidad en este universo sensorial. Abandona toda idea y toda trata egoísta por amasar riquezas. Avanza directamente hacia ese control remoto que hace moverse a estos juguetes de carne y hueso que son los cuerpos humanos, el cual sostiene este gran escenario, pero que esta detrás de el. Solo en Él hallarás una felicidad duradera y una alegría eterna. Fúndete en Él practicando diariamente meditación y Yapam.

Texto extraído del libro «La felicidad está dentro de tí» de Swami Sivananda.

Namasté.