ALIVIANDO LA FIBROMIALGIA

FIBROMIALGIA Y LOS BENEFICIOS DEL YOGA

Las personas que sufren de fibromialgia se sienten muy a menudo incomprendidas, ya que es una dolencia que no está muy bien vista socialmente.

Vamos a acompañarte a poner una luz sobre ello, enseñándote lo que el yoga puede aportar para aliviar el dolor.

La fibromialgia se trata de una afección reumática y caracterizada por un dolor persistente a nivel músculo-esquelético generalizado en todo el cuerpo, fatiga extrema, rigidez en los músculos y tendones, dificultad para dormir, dolor de cabeza, problemas de pensamiento y memoria (lagunas mentales), que suelen impedir el funcionamiento rutinario de la persona.

Este dolor es difuso y con frecuencia los síntomas varían según la hora del día, el nivel de actividad, los cambios climáticos, las fluctuaciones hormonales, el estrés, la ansiedad, etc.

En unas ocasiones, el dolor empieza de forma generalizada, en otras en una parte concreta del cuerpo, cuello, codo, omóplatos, rodilla, etc.

La fibromialgia puede ocasionar rigidez, sobre todo, al levantarse, sensación de hinchazón en manos y pies, gran cansancio durante el día y mala calidad del sueño durante la noche (que es ligero e inestable y a veces con pesadillas).
Ante esta sensación de rigidez, los dolientes suelen tener mala tolerancia al esfuerzo físico, tendiendo a volverse más sedentarios, esto hace que la masa muscular se empobrezca y, cada vez que se mueven, les duela más (círculo defectoso).
Aunque las causas aún no han sido bien aclaradas, se piensa que puede estar causada o agravada por estrés físico o mental, traumatismo físico, exubicación excesiva a humedad o frío, sueño deficiente o padecer una dolencia reumática.
Muchos de los casos, empiezan después de hechos puntuales, como infecciones víricas o bacterianas, accidentes de automóvil, separación matrimonial, problemas con los hijos, etc. En ocasiones aparece después de tener dolenciaes que debilitan el organismo tales como artritis reumatoide, lupus, aunque todo esto no parece que sea la causa, sino que despierta una anomalía oculta en la regulación de la capacidad de respuesta a determinados activadores dolorosos.

Los sitios frecuentes en los cuales se presenta la fibromialgia incluyen la región lumbar (espalda baja), cuello, tórax y muslos. La alteración de los músculos se refiere a un calambre doloroso y localizado que en ocasiones se asocia con otros problemas (embarazo, por ejemplo).
Los trastornos del sueño son muy frecuentes en pacientes con dicha patología. Estos trastornos consisten básicamente en abundantes pesadillas, sueño no reparador que puede ser el causante de un trastorno conocido como hipersomnia diurna, y gran cantidad de descargas dolorosas en los músculos durante el sueño.
Otros síntomas adicionales pueden incluir incontinencia urinaria, dolor de cabeza, migrañas, movimientos periódicos anormales de las extremidades (movimientos paroxísticos), en especial de las piernas (síndrome de pierna de gatillo), dificultad de concentración y dificultad para recordar cosas (mala memoria); también es frecuente un aumento de la sensibilidad táctil, escozor generalizado, resequedad de ojos y boca, zumbidos y campanilleos en los oídos (acúfenos), alteraciones de la visión (fosfenos) y algunos síntomas neurológicos de incoordinación motora.
Uno de los objetivos más importante de la práctica yóguica, se encamina a tomar conciencia objetiva de lo que ocurre tanto dentro de uno mismo como en todo lo que forma parte del contexto de vida real de una persona, para, progresivamente, desarrollar los mecanismos de equilibrio y serenidad que permiten, por un lado, el desbloqueo físico, la distensión muscular, la mejora del sistema respiratorio, endocrino…; y por otro, la expansión psíquica, el control de las emociones, la mejora del sistema nervioso y, en general, la armonía y la bienestar mental.

Las técnicas de relajación y meditación de la tradición yóguica están encaminadas a la consecución de un estado total de relajación física y mental produciendo cambios importantes en el sistema nervioso y procurando la distensión y el descanso profundo de los músculos del cuerpo.
Veamos los aspectos fundamentales en que incide la práctica del Yoga:

  • La respiración diafragmática que consiente y asegura la atención y la concentración necesaria para encontrar el punto que permite la «no acción» y la eliminación de la rigidez: relajación del cuerpo y la mente.

 

  • La relajación Muscular que reduce la hiperactividad neurovegetativa. Durante el relax, el cerebro emite ondas alfa que facilitan la calma y permiten un trabajo interior profundo. Puede activarse la «conciencia testigo» que en Yoga se utiliza como medio de observación y percepción externa para generar una actitud de aceptación.

Este ejercicio es fundamental a la hora de prevenir el dolor porque no olvidemos que la mente domina las funciones de  todo el cuerpo. La respiración yóguica permite un control consciente de las frecuencias cerebrales.

  • El ejercicio físico. Sobre este punto, las técnicas yóguicas tienen mucho que decir. Es evidente que si hablamos de una dolencia cuyo primer síntoma relevante es la tensión muscular, el sentido común nos dice que una actividad que aumente dicha tensión, se verá, rápidamente, como un empeoramiento de las manifestaciones de rigidez. Esto es todavía más extremo en el caso de las personas con fibromialgia ya que el aumento de tensión muscular provoca en ellos una disminución de riego sanguíneo y, por lo tanto, un déficit de oxígeno y una menor capacidad de soportar el esfuerzo.

En Yoga, cada movimiento y estiramiento se producen desde la relajación y son acompañados por una respiración que, a su vez, ayuda en dos direcciones: hacia la actividad y hacia la distensión total del músculo.

  • La reeducación de la mente a través de la meditación. Las técnicas de concentración y percepción tienen como objetivo evitar los factores agravantes. Estos factores se refieren, sobre todo, a la influencia que tienen sobre la psique del paciente las tensiones normales o excepcionales de la vida.

 

  • La canalización y el control de las alteraciones psicológicas causadas por los cambios que la dolencia produce en la persona. Mediante el aprendizaje de la respiración consciente y la relajación, así como de un ejercicio que permita volver a recuperar la elasticidad y la capacidad de esfuerzo, el paciente puede lograr estados de serenidad que repercuten en la distensión total de los músculos del cuerpo, reconducen las emociones y, al fin, proporcionan una calidad de vida mayor.

 

Es fundamental la actitud y el anhelo de recuperación como también es muy importante comprender la dolencia y aprender a convivir con ella. La contribución del Yoga como apoyo terapéutico es reconocida y ampliamente probada. Se trata de comenzar dando el primer paso dentro de uno mismo; hacer visible aquello que es invisible y poner en marcha los mecanismos que rompen el circulo defectoso dolor-tensión-miedo-dolor. Las herramientas que propone el Yoga llevan a cambios que son dirigidos por uno mismo, graduales y tremendamente dulces.

 

Namasté