¿ERES DEMASIADO SENSIBLE?

10
734
¿ERES DEMASIADO SENSIBLE?
¿ERES DEMASIADO SENSIBLE?

¿Alguna vez te has preguntado si quizás eras demasiado sensible? Todos nos hemos visto sobrepasados por diversas situaciones que hacen que nuestra sensibilidad pueda alcanzar rasgos elevados. A veces simplemente es que somos diferentes, y como tales desarrollamos diversos grados de sensibilidad. Desde la teoría budista se explica este hecho desde una perspectiva genuina e interesante que te detallamos a continuación.

Algunas personas parecen ser naturalmente más sensibles que otras, lo que a veces es una cualidad admirable. Las parejas son sensibles al estado de ánimo del otro y no son exigentes con su compañero(a) cuando éste ha tenido un día difícil. Gracias a este tipo de sensibilidad, nuestras relaciones son más sanas y vivimos más felices. Llamemos “sensibilidad equilibrada” a esta habilidad. En otros casos, ser sensible es una desventaja. Las personas inseguras son tan sensibles que se sienten heridas ante la más leve observación, síndrome que se conoce como hipersensibilidad. En el otro extremo se encuentra la insensibilidad: las personas egoístas son insensibles al efecto que sus palabras tienen en otros y dicen lo primero que les viene a la mente.

La sensibilidad, entonces, es una variable que abarca un espectro muy amplio, que fluctúa de la insensibilidad a la hipersensibilidad, con la sensibilidad equilibrada en algún punto intermedio. Sin embargo, el grado y la calidad de nuestra sensibilidad no son constantes matemáticas que permanecen fijas durante toda una vida; a través de la educación y el entrenamiento podemos cambiarlas si así lo anhelamos. Para hacerlo, necesitamos observar muy de cerca lo que significa la sensibilidad, pues esto nos permite diferenciar los factores que la hacen ser una ventaja o una desventaja. Entonces podremos explorar varios métodos para desarrollar o enriquecer las variantes positivas, y reducir o eliminar las negativas.

La sensibilidad tiene formas tanto físicas como mentales. La sensibilidad física depende del aparato sensorial del cuerpo o del sistema inmunológico. Un cirujano, por ejemplo, tiene sensibilidad en los dedos para hacer bien su trabajo, y una persona con alergias es sensible al polvo. Aquí abordaremos exclusivamente la forma de sensibilidad que es una cualidad de la mente y del corazón. Dicha sensibilidad puede ser al entorno, a los negocios, a la política, a la flora y fauna silvestre, a otras personas o a nosotros mismos. En este caso, exploraremos las dos últimas formas.

La sensibilidad es una función de dos variables: atención y respuesta, cada de una de las cuales puede ser débil, desproporcionada o equilibrada. Con la atención notamos la condición de alguien, las consecuencias que nuestro comportamiento tiene en él o ella, o ambas. La capacidad de respuesta nos permite responder de forma espontánea o considerada a lo que notamos. No reaccionamos solamente de forma física o química ante lo que sucede a nuestro alrededor o ante lo que nos sucede a nosotros, como el papel tornasol reacciona ante un ácido. Respondemos con una emoción, un pensamiento, palabras, acciones o alguna combinación de estas cuatro.

Una dimensión de la sensibilidad equilibrada que va más allá, es descubrir un balance entre ser sensibles ante lo que otros requieren, solicitan o exigen de nosotros, y ser sensibles ante nuestras propias necesidades. Si constantemente satisfacemos a los demás sin poner límites, podemos forzar nuestros recursos físicos y emocionales. Dicho síndrome, particularmente cuando va acompañado de una baja autoestima o un complejo de mártir, es insano para todos los involucrados. De manera similar, si sólo consideramos nuestro punto de vista en las relaciones interpersonales, nuestra actitud narcisista nos apartará de los demás.

Nadie es totalmente insensible o hipersensible, nadie atiende únicamente sus necesidades o las de los demás. Nuestro comportamiento varía de acuerdo con la situación, las personas y nuestro estado de ánimo. Más aún, un desequilibrio en la sensibilidad abarca frecuentemente ambos polos del problema. Una reacción demasiado emocional hacia alguien muchas veces es insensible al efecto que dicho comportamiento puede tener en la otra persona. Una impasible falta de atención o reacción, puede enmascarar un miedo hipersensible a la incompetencia o al rechazo. Cuando somos hipersensibles a las necesidades de los demás, podemos fácilmente perder de vista lo que nosotros mismos necesitamos. Cuando ponemos atención excesiva a nuestros sentimientos o anhelos, podemos ser insensibles a los sentimientos o preferencias de los demás. Desarrollar una sensibilidad equilibrada requiere una aproximación multidireccional.

Shantideva, maestro budista del siglo VIII, explicó que sólo podemos atinar en un blanco si lo vemos con claridad. De la misma forma, sólo podremos tratar efectivamente los tipos específicos de sensibilidad desequilibrada que padecemos, si podemos reconocerlos.

El proceso introspectivo que aquí se solicita no tiene el fin de juzgarnos. Vernos “desafiados en la sensibilidad” en algunas áreas no conlleva estigma moral alguna. El propósito consiste meramente en hacer un sondeo de nuestra personalidad, similar a lo que sería una encuesta de nuestras preferencias de consumo. Estar conscientes de nuestros hábitos y tendencias nos da una idea más clara de las facetas de nuestro perfil con las que tenemos que trabajar.

 

Texto extraído del libro: “Desarrollar una sensibilidad equilibrada: ejercicios prácticos de budismo para la vida cotidiana

Namasté.

Aconsejamos que consultes siempre a tu medico y que realices controles médicos si tu salud lo necesita. Nosotros solo te damos un punto de referencia informativa.

10 Comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here