EL MATRIMONIO BUDISTA

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EL MATRIMONIO BUDISTA
EL MATRIMONIO BUDISTA

Siendo un día tan especial como fue ayer, queremos adentrarnos en el conocimiento del amor desde un punto de vista budista, y lo que se llama “el matrimonio budista”.

Altibajos en el Amor

Es una verdad muy evidente que hay tiempos buenos y malos. En todos los acontecimientos buenos, que no se viven completamente desde la experiencia del aquí y el ahora, siempre se esconde también el sufrimiento pues nada dura para siempre. Si terminan las condiciones agradables, termina también con ellas el buen sentimiento. Aún cuando hay mucho dinero o el reconocimiento social lo puedan distraer a uno temporalmente o incluso durante toda la vida, siempre estará la amenazante pérdida de fondo. Frente a la situación condicionada, en vez de buscar desarrollo y honestidad, uno busca divertirse y distraerse.

Incluso en los buenos tiempos, nadie que conozca el mundo asume que no pudieran llegar condiciones más difíciles.. El sufrimiento penetra entonces cada nervio de la piel, cada célula del cerebro y cada corriente de conciencia de la mente. En el budismo se designa éste caso como “el sufrimiento del sufrimiento”. Mientras uno todavía no tiene control sobre sus estados mentales, una mezcla de dolor desesperanza, desesperación y miedo al futuro determinan cada momento. Frente a la separación de los enamorados, a los casos de mas allá, a las fuertes pérdidas de dinero que nos ha sido encomendadas o a las grandes dificultades con la imagen pública, ni las palabras ni los hechos protectores y compasivos de los amigos ni el servicio social nos pueden dar el alivio esperado.
Hay un tercer estado de infelicidad que nos pertuba a todos hasta la iluminación: “el sufrimiento de la ignorancia”. Uno prácticamente no recuerda el tiempo transcurrido en el seno materno, su propio nacimiento, por no hablar de las vidas anteriores y sólo puede presentir lo que puede suceder en el futuro o en cualquier otra parte. También esta ignorancia es un velo sobre la mente y la felicidad, que los no meditadores sólo pueden apartar en cortos momentos de penetración durante las experiencias afirmativas de “ajá”. En el budismo se asume que si uno desarrolla y encuentra valores intemporales, las experiencias, aún dolorosas, se repetirán en vidas futuras. Esto se designa como el círculo de existencia condicionada (“samsara” en sánscrito).

La relación de pareja

Estar ahí para el otro. En una relación de pareja abierta, profunda y sincera, uno aprende que la relación incluye la vida entera. La relación produce tristeza como también alegría y le proporciona a los seres humanos libres las superficies de contacto que conducen al crecimiento. La decisión de estar ahí para el otro le da a la pareja confianza y seguridad en sí misma. Estas disuelven la pesadez de la rutina y permiten así un rápido desarrollo humano. Si ambos satisfacen mutuamente sus anhelos, la “relación uno a uno” es el mejor estado y permite una vida rica en experiencias para ambos.

Cada relación desarrolla patrones de comportamiento que le son característicos. Las parejas crean algo así como un lenguaje secreto: nombres cariñosos, gestos, que o bien expresan su grado de amor o hacen alusión a experiencias secretas. Esto genera un fuerte sentimiento de “nosotros” y abarca la forma de saludarse, despedirse, cuándo y cómo se come, cómo se ve televisión. etc.

Después de un día de trabajo, las formas de comportamiento acostumbradas producen intimidad y relajación. Externamente deben entenderse estos rituales con el tiempo y mediante ellos sentirse acogido en el círculo y ser parte de él. Si desaparecen las costumbres amorosas íntimas y no llegan otras nuevas a reemplazarlas, simultáneamente se debilita la unión. Sin embargo, una repetición constante también pueden convertirse en una cárcel: si en ellas están ausentes la conciencia y el amor, fácilmente la relación se paraliza. Para las parejas que no profundizan en su mutua pertenencia mediante la meditación, resulta inteligente no dejar convertir sus pequeñas atenciones en un callejón sin salida, sino corresponder conscientemente y renovar siempre la magia del intercambio mediante el agradecimiento. Esto une y calienta a los corazones.

Los budistas ven la unión entre mujeres y hombres como algo muy valioso pues brinda posibilidades especiales para el desarrollo humano. Para darle aún más importancia a la vida en común, desde el punto de vista del budismo, uno puede buscar consejos útiles y una bendición de un maestro espiritual para el desarrollo de la relación. Esto se llama “matrimonio budista” y también puede tener lugar a partir de la situación dada, como una corta bendición para la pareja.

En los países en donde el budismo no está reconocido como una religión, el matrimonio no tiene ningún efecto social ni jurídico. De acuerdo con la esencia de las enseñanzas, éste se realiza sin ninguna presión religiosa, pero tiene un efecto profundo en los niveles internos y secretos de las personas. Uno se decide por él con completa conciencia, para un desarrollo común, para permanecer uno al lado del otro y ayudarse mutuamente, aún cuando alguno de los dos envejezca o enferme prematuramente. Aunque se maneja más como una bendición que como algo legal, tiene un poder trascendental y protege a la pareja, evitando que las emociones perturbadoras habituales los conduzcan a un callejón sin salida.

 

Contra el desgaste de las costumbres cotidianas, el budismo ofrece métodos que ayudan a la pareja a percibirse tanto a sí mismos como al otro desde un nivel alto. Un matrimonio budista es algo para personas independientes, que quieren complementarse y desarrollarse juntas en su camino budista.

En muchos casos, los enamorados deciden sellar su amor también mediante un matrimonio civil. Éste no solo ahorra impuestos y es bien visto por la sociedad, sino además fortalece la relación. El ritual, la celebración, los anhelos comunes y de los amigos y la familia tienen mucho poder.

Puesto que hoy en día con frecuencia tiene que cambiar una persona de ciudad por razones de trabajo, una relación a distancia es un tema que surge cada vez más. Para que una relación con poco tiempo para estar juntos funcione, es decisivo el anhelo de que este estado termine en corto tiempo. También son importantes la estabilidad de la relación y la madurez de los cónyuges. Aunque tal vez suene anticuado, sin duda alguna la profundidad del amor determina si la relación bajo tales circunstancias puede mantenerse por largo tiempo, en especial si uno anteriormente estuvo acostumbrado a otra cosa.

En este caso es significativo tener una visión común: la pareja se cuida mutuamente, mientras que el tiempo “sin” el otro se aprovecha para las cosas que no cesan de llegarle a uno y para las que sería una lástima usar el tiempo de los dos.

Así cada uno utiliza el espacio de la separación tanto para sí mismo como para ambos. Cuando finalmente llega para compartir, en especial el amor corporal llena las brechas y se puede mantener una relación de pareja fuerte y feliz. La base de tales relaciones a distancia es la confianza. Si esta falta, tampoco se puede hacer durar el amor.

 

Texto extraído del Libro “El Buda y el Amor”

 

Namasté.

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